Un estudio publicado en la revista de Ornitología Tomeguín refiere que la golondrina caribeña fue reportada por segunda vez para Cuba, y además, se hizo el primer registro de nidificación.
Para conocer por qué es tan importante el descubrimiento de esta nueva especie, qué se siente ser protagonista de este suceso y cuáles son las características fundamentales de la Progne dominicensis, su nombre científico, JT conversó con Ricel Polán Hernández, uno de sus descubridores.
“El primer avistamiento de la golondrina caribeña para mí fue muy emocionante, porque al verla supe de inmediato que no estaba en presencia de la golondrina azul. Ellas tienen sus diferencias, perceptibles a simple vista.
“No obstante, tomé muchas fotografías y envié algunas al grupo de WhatsApp que tenemos los observadores de aves en Granma. José Eugenio, su responsable, fue el primero en asegurar que estábamos en presencia de la golondrina caribeña. Pero créeme, fue muy emocionante, pues cada día que salimos a observar aves, pensamos en encontrar una especie nueva”.
Al hablar sobre el proceso de identificación, el especialista señaló que este llevó varios días de seguimiento y captura de imágenes, para poder realizar los estudios pertinentes.
“Muchas de las fotografías fueron enviadas a Nils Navarro, revisor de eBird en Cuba. Él las estudió y analizó minuciosamente. Sabíamos que era la golondrina caribeña, pero había que confirmarlo. Personalmente, intuía que estaba haciendo historia al sumar una nueva especie a la avifauna cubana, y por tal razón puse todo mi empeño y dedicación”.
La presencia de este pájaro es “importantísima para nuestra biodiversidad”, subraya el ornitólogo. “Es una especie más que se agrega a la lista de las aves de Cuba. Tal vez haya estado por siempre, pero es ahora que sabemos realmente que cada año la tendremos presente.

Según el artículo publicado en la revista Tomeguín, la golondrina caribeña es una especie monotípica (no se subdivide en ninguna subespecie reconocida) descrita en 1788, por el naturalista y químico alemán Johann Friedrich, bajo el nombre de Hirundo dominicensis.
“Es considerada un ave reproductora común, en gran parte de las Antillas Mayores y Menores, con la notable excepción de Cuba, y su distribución se extiende hacia el sur hasta Tobago”.
El texto reconoce que durante mucho tiempo, su distribución no reproductora fue poco conocida. “Sin embargo, evidencias recientes indican que al menos parte de la población inverna en el este de Brasil”.
Y aunque hubo un momento en que se pensó que era una subespecie de la golondrina azul americana (Progne subis), las investigaciones han demostrado que es una especie válida, estrechamente relacionada con Progne sinaloae y Progne cryptoleuca.
Ricel asegura que en un principio sabían muy poco de la golondrina caribeña, pues siempre estuvo ausente de los registros ornitológicos. No fue hasta el 2011, apunta el documento científico publicado, que el prestigioso fotógrafo Moth Clark retrató a un individuo en la provincia de Holguín. No obstante, se consideró que el ave estaba en la Isla por accidente.
Pese a los datos descubiertos, el especialista considera, opinión que comparte con otros colegas, que “la golondrina caribeña se estaba reproduciendo en Cuba desde mucho antes, pero nadie había tropezado con ella. Sucedió ahora porque en el país ha habido un crecimiento sumamente grande de observadores de aves, y cada día el número aumenta. Aspecto muy positivo para el cuidado y conservación de las especies endémicas y las que nos visitan cada año”.
Ricel asegura que deben continuar estudiando su comportamiento, para poder garantizar su conservación, pues aún faltan datos científicos. Asimismo, subraya que se buscan los recursos necesarios para crear unos nidos artificiales que, llegado el momento, la golondrina caribeña pueda usar.
