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Precursores (31): vulcanólogos

Arnaldo González Arias
17 agosto 2026 | 0 |

La vulcanología se refiere al estudio de los volcanes, la lava, el magma y demás fenómenos geológicos asociados; un vulcanólogo es un estudioso en este campo. La vulcanología contemporánea estudia el material eyectado, las estructuras que se forman y los procesos e interacciones asociados a la fuente de calor y a la formación y evolución del material expulsado. Un aspecto importante de estas investigaciones es tratar de predecir de antemano las posibles erupciones violentas, las que pueden cobrar muchas vidas. En la actualidad no existe una forma confiable de llevar a cabo esos pronósticos.

El término vulcanólogo se deriva de Vulcano, dios romano del fuego, ya que la temperatura necesaria para fundir las rocas es muy alta. Sin embargo, la exploración espacial ha detectado lugares en el cosmos donde la erupción de sustancias ocurre a menor temperatura, y hoy día el término también se aplica a la investigación de situaciones donde hay fuentes de calor menos intensas, incapaces de fundir rocas, pero que sí logran fundir otras sustancias con menor punto de fusión.

El título de primer vulcanólogo se atribuye en la literatura especializada a Sir William Hamilton, diplomático británico del siglo XVIII, quien fuera embajador en Nápoles durante muchos años. No obstante, también hay que mencionar como precursor al erudito del siglo XVII Athanasius Kircher, quien dejó una extensa obra de 44 volúmenes sobre diversos temas, y en 1638 realizó un descenso en el cráter del Vesubio, con el fin de obtener una visión directa en apoyo a sus hipótesis sobre los volcanes.

La primera mujer en participar activamente en labores relacionadas al estudio de los volcanes activos fue Catherine Joséphine Conrad, más conocida como Katia Krafft, por el apellido de su esposo Maurice Krafft, también vulcanólogo.

William Hamilton

Aristócrata y cuarto hijo de Lord Archibald Hamilton, quien fuera gobernador de Jamaica, William Hamilton nació en enero de 1731. Sirvió en el ejército a partir de 1747 y se retiró en enero de 1758 tras su matrimonio.

En su vida se dedicó a labores tan disímiles como diplomático, anticuario, arqueólogo y vulcanólogo.

Nombrado embajador de Gran Bretaña en la corte de Nápoles desde 1764 hasta 1800, se dedicó a estudiar la actividad volcánica en ese lugar y escribió un libro sobre Pompeya, devastada por una nube volcánica piroclástica en el año 79 de nuestra era.


Un flujo piroclástico es a una mezcla de gases y materiales sólidos muy calientes que se mueve a nivel del suelo y aparece en ciertos tipos de erupciones volcánicas. Su velocidad de traslación puede llegar a ser de cientos de km/h. Usualmente el flujo arrasa con todo lo que encuentra a su paso, pues la combinación de altas temperaturas, gases y rocas a gran rapidez es indetenible.


Una de las principales distracciones de Hamilton era la de acompañar a los visitantes distinguidos al Vesubio, en peligrosas y asfixiantes excursiones hasta llegar a su cima.

El Vesubio, situado frente a la bahía de Nápoles y no muy lejos, a unos nueve kilómetros de distancia, fue el responsable de que la ciudad de Herculano, y la cercana Pompeya, en la base de la montaña, quedaran sepultadas por completo, hasta que el punto de que fueron ‘redescubiertas’ en 1738 y 1748 respectivamente.

De allá para acá los trabajos arqueológicos han posibilitado recuperar una buena parte de ambas ciudades. La gruesa capa de ceniza depositada mantuvo intactos edificios, pinturas, e incluso cadáveres momificados.

Su escrito de1770 sobre otro volcán, titulado An Account of a Journey to Mount Etna (Relato de un viaje al Monte Etna), enviado a la Royal Society de Londres, le valió para obtener la medalla Copley, premio anual que otorga la institución por el trabajo científico sobresaliente en las ciencias físicas o biológicas.

Hamilton también fue un reconocido coleccionista de antigüedades. Al retirarse como diplomático se dedicó a la venta de cuadros y vasijas; asistía regularmente a la Royal Society y a la Society of Dilettanti.

Esta última es sociedad de nobles y académicos que patrocina el estudio del arte griego y romano antiguos, así como la creación de nuevas obras de ese estilo.

Tras su muerte en 1803, parte de sus vasos griegos y etruscos fue adquirida por el Museo Británico.

Catherine Joséphine Conrad (Katia Krafft)

Katia nació en abril de 1942 en Alsacia, Francia. Aunque era hija de un orfebre y una maestra que nada tenían que ver con los volcanes, desde muy joven el tema llamó poderosamente su atención a partir de fotos y películas.

En 1958 ingresó en la Universidad de Estrasburgo para estudiar física y geoquímica. Allí conoció a su futuro esposo Maurice Krafft, a quien también fascinaban los volcanes. Se casaron en 1970, cuando Katia era ya una vulcanóloga reconocida.

En su época de estudiante fue testigo de una erupción en el volcán Strómboli, donde recogió muestras de gases y rocas, al que volvió a visitar una vez graduada. Además viajó a Italia, Islandia, Japón, Colombia e Indonesia para estudiar, fotografiar y filmar volcanes. Usaba sus numerosas fotos y videos para recaudar los fondos necesarios con el fin de mantener su actividad; muchos de sus trabajos se publicaron en periódicos o se incluyeron en documentales.

Invitada al sur de Islandia en 1968 para estudiar el volcán extinto Kverkfjöll, que había entrado en erupción después de miles de años de inactividad, se ubicó directamente al borde del volcán para obtener información. Los datos que obtuvo, así como el peligro a que se expuso, sirvieron para sellar su éxito como vulcanóloga.

Junto a su esposo escribió unos 20 libros e infinidad de artículos científicos sobre volcanes alrededor de todo el mundo. Para conseguir información veraz, muchas veces era necesario acercarse lo más posible al cráter de los volcanes. Más adelante afirmó en un documental: ‘Es algo realmente muy peligroso, pero es muy fascinante observarlo y tratar de estar cerca para ver mejor lo que sucede.’ In 1969 Katia recibió el premio de la Fundación Vocación por su trabajo en sitios volcánicos activos.

En su documental de 1978 The Volcano Watchers ‘Observadores de Volcanes’ (accesible en YouTube) se puede ver a Katia en shorts y pulóver, con una mochila a la espalda, ayudando a empujar cuesta arriba una bicicleta por la ladera de un volcán italiano, como si fuera una turista en una acampada. Después, en ese mismo documental, se ve a su esposo toser mientras observa nubes de vapor que ascienden del suelo. En ese caso específico la mezcla de gases era una combinación dañina de cloro, dióxido de carbono y gases sulfúricos, capaces de dañar la ropa y los tejidos.

Katia fue pionera no solo en el estudio científico, sino también en la fotografía y filmación de erupciones; se acercaba a pocos metros de la lava para capturar imágenes nunca vistas antes. Las películas que filmó junto a su esposo, así como los cientos de conferencias que impartió, acercaron el mundo de los volcanes al público en general.

En junio de 1991 Katia tenía 49 años, y Maurice 45. En esa fecha, mientras hacían trabajo de campo en el monte Unzen, en Japón, quedaron envueltos por una inesperada nube piroclástica que se movía a 200 km/h con temperaturas de 500 ºC. Ambos fallecieron al instante, junto a otras 40 y tantas personas.


Bibliografía

Katia Krafft – IMDb, https://www.imdb.com/es/name/nm0991839/

Katia Krafft y el amor volcánico – Fundación BBVA Perú, https://fundacionbbva.pe/opinion/katia-krafft-y-el-amor-volcanico/

Scientist Katia Krafft Stood on the Edge of Active Volcano Craters – Atlas Obscura, https://www.atlasobscura.com/articles/katia-krafft-volcanologist

Katia Krafft – Biografía – IMDb, https://www.imdb.com/es/name/nm0991839/bio/

Katia Krafft – Wikipedia, la enciclopedia libre, https://es.wikipedia.org/wiki/Katia_Krafft

Sir William Hamilton y el Vesubio. El viaje de la Historia | Reinventar la Antigüedad, https://clasicos.hypotheses.org/8434

Society of Dilettanti, https://es.wikipedia.org/wiki/Society_of_Dilettanti

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