Por Sheryl Márquez e Iramis Alonso/Fotos: Sheryl Márquez Vega e Ismes Ruiz
La inclusión económica en los territorios rurales no depende únicamente del acceso al empleo o a oportunidades productivas. También está atravesada por desigualdades históricas vinculadas al género, la discapacidad, la distribución de los cuidados y la participación en los espacios de decisión. Sobre esas tensiones y desafíos centró su atención el panel “Inclusión económica de mujeres, mujeres con discapacidad y juventudes rurales desde lo local. Experiencias y oportunidades”, una de las acciones del proyecto “Sembrando Inclusión: sistemas alimentarios comunitarios y resilientes”.
La iniciativa, cofinanciada por la Unión Europea, y ejecutada por la Asociación Cubana de Técnicos Agrícolas y Forestales (ACTAF), la Asociación Cubana de Producción Animal (ACPA), el Centro Félix Varela (CFV), la Asociación Hermanos Saíz (AHS) y la ong Humanity & Inclusion, propone construir un marco común de diálogo y comprensión sobre la inclusión económica desde un enfoque de derechos.
El énfasis está colocado en mujeres, mujeres con discapacidad y juventudes rurales, sectores que continúan enfrentando barreras estructurales para insertarse plenamente en las dinámicas económicas y comunitarias.

La Red de Inclusión Económica está concebida como un espacio articulador entre organizaciones de la sociedad civil, autoridades locales y actores comunitarios. La propuesta busca fortalecer la coordinación entre sectores para impulsar sistemas alimentarios comunitarios más resilientes, sostenibles e inclusivos.


Durante el panel se analizaron problemáticas que atraviesan la vida cotidiana en muchos territorios rurales, entre ellas la invisibilización del trabajo de cuidados, la sobrecarga doméstica y las limitaciones para participar en procesos de toma de decisiones. Al mismo tiempo, el intercambio permitió identificar experiencias locales, políticas públicas e iniciativas comunitarias que ya están generando alternativas de inclusión desde el trabajo en red y la articulación institucional.
Leydis María Morejón, de la finca “Los Encinos”, de Pinar del Río, compartió que su proyecto nació hace cuatro años con el objetivo de impulsar el desarrollo de la mujer en la vida agrícola.

“Hoy somos alrededor de 15 mujeres trabajando en producciones de cultivos varios, frutales y hortalizas. Hemos logrado multiplicarnos e incorporarnos a diferentes funciones dentro de la agricultura”
La dimensión comunitaria del proyecto constituye uno de sus principales ejes. Más allá del diagnóstico de brechas, la jornada apostó por visibilizar prácticas concretas impulsadas desde los territorios, con la participación de organizaciones de personas con discapacidad, productoras líderes y otros actores vinculados al desarrollo local y al sector agroalimentario.

“Cambiar la mentalidad de las personas suele ser mucho más complejo que eliminar una barrera física. Por eso también es clave identificar qué apoyos necesita una persona en situación de discapacidad para desempeñarse en igualdad de condiciones que los demás”, explicó durante su intervención, Geudis Vega Pérez, Jefe de Relaciones Internacionales del la Asociación Nacional del Ciego (ANCI).
Desde esa lógica, “Sembrando Inclusión” busca que las comunidades no solo identifiquen obstáculos, sino también capacidades y oportunidades para transformar sus propios contextos.
El panel se presenta así como un punto de partida para debatir estrategias capaces de fortalecer la participación económica y social de mujeres, juventudes rurales y personas con discapacidad, en un escenario donde la sostenibilidad de los sistemas alimentarios también depende de cuánto logren incluir a quienes históricamente han quedado al margen.
