Foto: tomada de Blog Indoamericano
Investigadores de la Facultad de Psicología de la Universidad de La Habana publicaron en la revista The Journal of Genetic Psychology el estudio “Redes atencionales como moderadoras de la relación entre el uso de tecnologías digitales y la salud mental en estudiantes universitarios cubanos” que revela cómo el uso intensivo del móvil para fines sociales y comunicativos se asocia con mayores niveles de ansiedad, depresión y estrés.
Con la autoría de Lorena Sirés González, Daniela Escobar Magariño y Dr.C Enrique Torralbas Oslé, este artículo, de acceso abierto, refuerza la necesidad de integrar la regulación emocional y la alfabetización digital en las políticas de bienestar universitario.
Investigaciones previas ya habían documentado asociaciones significativas entre el uso intensivo o problemático de dispositivos digitales y síntomas de ansiedad, depresión, estrés, dificultades en la regulación emocional y alteraciones del sueño. Sin embargo, la relación no es lineal ni uniforme; el impacto psicológico depende del tipo de uso, la frecuencia, el contenido consumido y, crucialmente, las actitudes subjetivas hacia la tecnología (que incluyen evaluaciones positivas, dependencia o ansiedad por desconexión).
En poblaciones universitarias, el uso social del móvil y la dependencia de redes se vinculan fuertemente con ansiedad y estrés, mientras que la relación con la depresión es menos consistente pero igualmente relevante.
Para abordar esta compleja relación, el estudio recurrió al Modelo de Redes Atencionales de Posner & Petersen, que distingue tres sistemas funcionalmente diferenciados: la red de alerta (mantenimiento de la vigilancia), la red de orientación (dirección de recursos hacia estímulos relevantes) y la red ejecutiva (resolución de conflictos, inhibición y control cognitivo).
El uso intensivo de las TIC, caracterizado por la multitarea y las notificaciones constantes, impone demandas particulares sobre estas redes, pudiendo sobrecargarlas y comprometer las funciones ejecutivas. Además, existe un fuerte sustrato neurobiológico que vincula estas redes (corteza prefrontal, cíngulo, amígdala) con la regulación emocional, lo que explica la interacción bidireccional entre atención y salud mental.
El estudio se planteó evaluar el impacto del uso y las actitudes hacia las TIC sobre la ansiedad, la depresión y el estrés en estudiantes universitarios cubanos, analizando además el rol moderador de las redes atencionales.
Para ello, se formularon dos hipótesis principales: H1 postula que el uso de comunicación digital y redes sociales, junto con actitudes positivas y de dependencia, se asocian positivamente con mayores niveles de malestar, mientras que el consumo más tradicional (recreativo e informativo) no muestra esa relación. H2 propone que la eficiencia de las redes atencionales modera estas relaciones, esperando que la red de orientación amortigüe los efectos negativos, que la red de alerta pueda tener efectos contextuales (atenuar o amplificar) y que la red ejecutiva actúe como amortiguadora, especialmente en contextos de alta demanda cognitiva.
La muestra final estuvo compuesta por 250 estudiantes de la Universidad de La Habana (61 por ciento mujeres, edad media de 19,8 años) y se utilizaron instrumentos validados para medir ansiedad (GAD-7), depresión (PHQ-9) y estrés percibido (PSS-10). Mientras que para evaluar el uso y las actitudes hacia la tecnología se empleó la escala MTUAS (adaptada al español mediante traducción y retrotraducción), que incluye subescalas sobre uso de smartphones, redes, mensajería, videojuegos, y actitudes positivas/negativas/dependencia.
Los resultados confirmaron en gran medida la Hipótesis 1. El Factor 1 (comunicación digital y uso social) mostró efectos directos positivos y significativos sobre la ansiedad, la depresión y el estrés percibido en casi todos los modelos. De igual manera, el Factor 3 (actitudes positivas y dependencia) también predijo significativamente niveles más altos de ansiedad y depresión (y en menor medida, estrés).
Por el contrario, el Factor 2 (consumo recreativo e informativo, como ver TV o buscar información) no mostró ninguna asociación significativa con los indicadores de malestar psicológico, lo que sugiere que el riesgo no reside en el uso tecnológico per se, sino en las modalidades socialmente interactivas y emocionalmente dependientes.
La Hipótesis 2 no recibió apoyo estadístico. Ninguno de los 27 términos de interacción entre los factores de uso de las TIC y las redes atencionales alcanzó significación estadística convencional. Por tanto, no se puede afirmar que las redes atencionales (alerta, orientación o ejecutiva) amortigüen o amplifiquen la relación entre el uso de TIC y la salud mental en esta muestra.
A pesar del rechazo de H2, los autores discuten que los patrones direccionales observados en las pendientes simples son teóricamente coherentes. Por ejemplo, la asociación entre comunicación digital y estrés era significativa en niveles bajos/medios de eficiencia de orientación, pero se atenuaba en niveles altos, lo que encaja con el rol propuesto de la red de orientación como filtro selectivo ante la sobrecarga digital. La falta de significación se atribuye principalmente a limitaciones de poder estadístico (las interacciones requieren muestras mucho mayores para ser detectadas) y a la complejidad del diseño con 27 modelos.
Teóricamente, el estudio desafía visiones lineales de la atención como un recurso puramente positivo, abogando por una comprensión más contextual y dinámica de su funcionamiento en entornos digitales.
