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Plan E: Pájaro de barro que quiere volar.

Igor Guilarte Fong
22 abril 2024 | 10 |

Por Cynthia Ibatao, Yans Pérez, Jorge Alejandro Ortega e Igor Guilarte/Ilustración: Arístides Torres Díaz

“Temprano aún para dictar sentencia, el proceso de reformulación universitaria aparentemente está lejos de tener consenso entre sus actores y una hermeticidad en sus conceptos. […] Solo tiene claro una cosa, en honor a lo ya alcanzado: En ningún caso puede debilitarse la enseñanza ni dejarse seducir por  —como algunos valoran a otros procesos de reducción de carreras— la macdonalización de la universidad por una fast education”, concluía el reportaje “¿Carreras a la carrera?, publicado en nuestro portal digital en septiembre de 2018.

Cinco años después, un nuevo equipo periodístico reabre esa gaveta tantas veces revisitada por Juventud Técnica, se toma la licencia de seguir la ruta marcada por aquel punto final para explorar, esta vez mediante las técnicas de encuesta ad hoc, entrevistas y sondeo a expertos, las percepciones de alumnado y claustro sobre la calidad y las garantías del actual sistema de formación en la Educación Superior.

La tendencia —vale apuntar que universal desde la implemetación del polémico, por “liberal”, Plan Bolonia— de migrar a la formación profesional más expedita al costo directamente proporcional de comprimir clases presenciales y contenidos, en el caso cubano ha sido encarnada por el ya no tan nuevo Plan de Estudios E.

Tuvo este su génesis en 32 carreras hacia el 2016, cuando se justificó su carácter “inaplazable” y “renovador” ante la necesidad de adecuar los planes de estudios a las demandas demográficas y socioeconómicas del país. Una “decisión estratégica” con el objetivo de entregar a la sociedad graduados en el menor tiempo posible; es decir, lanzarlos al mercado laboral con un año menos de estudios e ir elevándole la varilla a fuerza del día a día y ciclos de posgrados. Ahora, cuando ya han “egresado” los primeros resultados, el “susodicho” Plan E sigue siendo un dilema.

Preguntas del millón

¿Cuánto debe durar una carrera universitaria? ¿La calidad del proceso formativo depende biunívocamente de la presencialidad y la duración? ¿La planificación responde a patrones individuales o colectivos? ¿Cuál sería la preparación ideal? ¿Qué define a un profesional o un investigador modelo hoy día en Cuba? ¿Van apropiadamente artillados al mundo laboral? ¿Tendrá secuelas la formación expréss en esta generación?

Para tener una visión panorámica del contexto indagamos sobre necesidades y expectativas en el ciclo formativo, ventajas o consecuencias de reducir contenidos y clases presenciales, cualidades necesarias para un exitoso desempeño en el ámbito productivo; asimismo sobre la relevancia y aplicación efectiva de conceptos como investigación, innovación, emprendimiento, metodología y autogestión del saber.

Si se busca cantidad en menoscabo de la calidad, asignaturas consideradas por algunos como “metatrancosas” (Filosofía, Marxismo, PPD, Historia… que subsisten por encima de las “del perfil”, horarios lectivos y métodos atropellados que deberían replantearse, clases que simulan turnos de consejería y no llegan a la profundización requerida, prácticas afectadas sustancialmente por un desfasaje en cuanto a lugar y momento, menos interacción con las entidades educacionales, déficits en el claustro, rechazo al autodidactismo… opiniones encontradas.

Así se conforma, en resumidas cuentas, el estracto de inquietudes de las casi 300 personas que optaron por responder la encuesta divulgada en plataforma digital. Sin pelos en la lengua vertieron sus espíritus y testimonios, con notable representatividad de los distintos centros de enseñanza superior, provincias y áreas de las ciencias, desde las básicas hasta las sociales.

No habría manera de obtener una fotografía al respecto. Si algo es mucho o poco depende de variables y sugestiones que se arraciman desde la raíz de ese algo; también, de la predisposición de quién lo mide. Y si ese algo es “intangible” como el conocimiento, entonces es todavía más subjetivo, diverso, complejo. Tampoco se quedaron atrás las decenas de entrevistados (en el caso de los expertos, contactados en buena medida gracias a la atenta colaboración de Lilliam Álvarez, secretaria ejecutiva de la Academia de Ciencias).

Expectativas versus realidad

“El plan de estudios actual satisface algunas necesidades, no todas, porque se eliminan muchas horas de laboratorio y prácticas, que es donde se afianza la teoría adquirida en el aula. No se hacen porque no da tiempo, sobre todo ahora con esta nueva reducción que hicieron para volver a acoplarnos al año normal con inicio en septiembre”, opina Heysi, estudiante de tercer año de Bioquímica y Biología Molecular en la Facultad de Biología de la Universidad de La Habana (UH).

“¿Si creo que la modificación del plan de estudio incide en el proceso formativo? Uff, cantidad. Es demasiado contenido difícil de entender para tan corto periodo. Claro que también depende de la capacidad individual, de donde tú vengas. Para una persona del colegio universitario o de la Lenin las cubre, pero para una del Pre de la calle se enreda bastante. Aprobarlo todo se convierte en una tarea titánica, sin hablar de si se absorbe o no lo repasado. Los profes deducen que tenemos el nivel cognitivo suficiente para captar los nuevos contenidos, cuando sabemos que no es así. Es como avanzar a saltos, dejando grandes vacíos”, analiza Rocío Serrano, 1er. año de Ciencias de la Computación en la UH.

Preocupaciones compartidas por Arián, 4to. de Química en la facultad homónima. Para él la calidad de la formación es tambaleante “porque existe un gran volumen de horas dedicadas a asignaturas no medulares para la carrera, en cambio las que sí son trascendentes están excesivamente recortadas. Menos horas-clases nos obliga a memorizar de carretilla los contenidos, en vez de razonarlos”. En tanto, Humberto Antonio, quien cursa Ingeniería Hidráulica en la Universidad de Oriente (UO), coincide en señalar que “aparte de reducir el número de asignaturas en cada semestre o en un curso, dejaron otras que para mí no son importantes”.

Anaisbel, 2do. año de Meteorología en el Instituto Superior de Tecnologías y Ciencias Aplicadas (Instec), considera por el contrario que el Plan E no afecta su formación como futura profesional de la ciencia, sino que el quid ha estado en la aceleración de última hora, pues “muchas de las asignaturas que nos imparten no pueden apretar aún más sus temas esenciales. Además, se han tomado alternativas para no afectar los laboratorios y prácticas”, asegura. Otra que lo ve con buenos ojos es Yuliana, de Ciencias Farmacéuticas en la UO: “es una alternativa para que el estudiante se gradúe en menos tiempo y por supuesto que nos enseña a autoprepararnos y autoexigirnos. Nos hace más independientes”.

Desde el catalejo de muchos el viento bailaba en popa hasta que apareció la bandera negra y caravelada de la COVID-19. Dos años de rudo confinamiento quebraron la planificación y obligaron a la docencia a distancia —mayormente canalizada por vía telefónica o WhatsApp—, al trabajo independiente y la autogestión del estudio. A ciencia cierta, desde su concepción original el Plan E impulsó a una fase superior el uso de las TIC y aulas virtuales. Es probable que en el imaginario estudiantil se haya fusionado de manera tácita ambas dinámicas, de ahí las expresiones de reticencias. Todavía trampean los efectos de la crisis pandémica.

La santiaguera Rocío Carrión, ingeniera industrial en ciernes, afirma que ha hablado bastante con sus condiscípulos sobre el tema de marras: “me parece que nos deja un poco a la deriva, no explota a plenitud el potencial estudiantil. Esa enorme reducción de contenido no es lo mejor para nuestra formación. La idea de la autogestión del conocimiento no me parece del todo desatinada, pero a veces se adolece de una buena guía y entonces uno no sabe por dónde empezar o qué revisar exactamente; haciendo inútil ese concepto de la autogestión”.

Quien parece que no logra conciliar el sueño, y eso que apenas va por el 2do. año de Microbiología y Virología en la Facultad de Biología capitalina, es Grether: “En mi carrera tengo que dar asignaturas como Física óptica y moderna, Química Física, Computación, Biomoléculas, Análisis químico, Metabolismo, Morfología animal y vegetal, Fisiología de procariontes, Biofísica, Defensa y seguridad nacional; quizás me falten… todas con sus respectivas evaluaciones que consumen cualquier cantidad de tiempo de preparación. A veces pienso que para cumplir las expectativas del estudio y exigencias de los profesores no podríamos ni dormir de noche. No veo sano este plan. Y qué decir del campo de la investigación. En nuestro caso solo nos administran un mes de prácticas en el cual, casi sin experiencia, debemos iniciar alguna investigación con vista al trabajo de tesis”.

¿Tirando la tiza?

Si bien podría sonar asombroso o contradictorio que justo en la era digital un estudiante de pregrado evidencie aprietos a la hora de recabar o aprehender una información básica, la manera de gestionársela depende de habilidades incorporadas a lo largo de un recorrido, como solidificadas en una fragua.

Los educandos reflejan sentirse ahogados por tanta materia que se les encarga bucear en apnea, y reclaman en defensa propia una orientación más puntual y teledirigida. ¿Acaso no reproducen así una conservadora supeditación o dependencia —eso que algunos educadores denominan síndrome del pichón— de la voz cantante y constante del profesor? Sobre los hombros de estos, los docentes (que ya de por sí deben hacer innombrables malabares entre la carga curricular y el plano económico-vivencial doméstico), va la responsabilidad de transmitir la esencialidad del conocimiento y revelar a sus pupilos las bondades de volar solos.

La Doctora en Ciencias Arelis Ábalos, pedagoga de vasta experiencia y quien recién asumió la silla de vicerrectora de Investigaciones en la alta casa de estudios de Santiago de Cuba, admite que ha sido “un cambio retador pero indudablemente necesario. La asignatura que imparto hoy en la Facultad de Química en 72 horas antes la hacía en 96, por lo que es ineludible condensar. Contenidos que impartía en dos prácticas de laboratorio, tengo que diseñarlos para una práctica, pero me aseguro de que estén ambos. Ahí entran a desempeñar un rol decisivo las habilidades y capacidades de cada profesor. No te voy a negar que todas las carreras no funcionan igual, pero en las de ciencias técnicas y naturales se priorizó el ejercicio práctico”.

En la Facultad de Ingeniería en Telecomunicaciones, Informática y Biomédica de la propia institución, el profesor Rafael Torres entiende que “además de ser una alternativa a la crisis de envejecimiento poblacional, es la oportunidad que tiene un futuro profesional para aprender a hallar soluciones que les serán cotidianas. ¿Qué ha sucedido? Los contenidos ya estaban abreviados cuando la COVID y luego la situación económica acarrearon reajustes aún más extremos. El Plan E está pensado para diez meses, pero a veces no se puede ni llegar a eso”.

Ingeniera Automática de titulación, Adriana Díaz sube desde hace una década con zapatos de maestra la escalinata del Alma Máter. Ahora cursa la maestría en Ciencias Matemáticas. “Es díficil medir las expectativas del Plan E —asesta— porque al hecho de bajar las carreras a cuatro años se han añadido otros percances que han traído nuevas modificaciones. En lo personal nunca estuve de acuerdo. Creo que resultan insuficientes las horas para la asignatura, los estudiantes no están acostumbrados a este modo de impartir clases, ni en condiciones de asimilar tanto volumen de contenido en poco tiempo o desarrollar estudio independiente para superar pruebas. Más bien el Plan E está diseñado para que los estudiantes busquen la forma de realizar una investigación científica en paralelo a las horas clases. Esa investigación científica es casi optativa y recae su peso en los tutores”.

Otro que quema las naves es Rafael Rodríguez: “Fui de la generación que inauguró el Plan E y sentimos que tenemos varias lagunas si nos comparamos con egresados de planes anteriores. La contracción en Química, una carrera de alto componente experimental, no es positiva. Antes se compensaba la carencia material con una formación teórica fuerte. Si bien la postura institucional es que no se ha podido evaluar el Plan E debidamente porque estuvo mediado por una pandemia y una coyuntura, uno entiende que el plan no es flexible ni adaptable a escenarios imprevistos. No se puede olvidar que la etapa universitaria es un periodo vital no solo en la formación académica, sino también humana; y una universidad llamada a ser más humanista debería contemplar estos factores por encima de otros”.

En el caso de Meteorología, donde la reconocida doctora Ida Mitrani imparte Oceanografía, el “cambio atmosférico” ocurrió entre 2020-2023. “No creo que esto haya afectado la calidad de los graduados, porque la reducción de tiempo fue aparejada con el incremento de la multimedialidad (con el apoyo de computadoras, data-show, celulares, bibliografía digitalizada) y de presentaciones a distancia. Ahorra tiempo que antes se usaba en tiza y pizarra, las clases son más coloridas y dinámicas, las tareas son actualizadas por los propios estudiantes con el uso de Internet. Lo que se afectó desde la pandemia fue la práctica de campo, donde los estudiantes se familiarizaban durante una semana con los distintos tramos de costa, la evolución del oleaje y su relación con el estado del tiempo. También visitaban cuevas, reservas ecológicas, museos, y entrevistaban a residentes locales. Así consolidaban los conocimientos teóricos adquiridos en clase”.

El avezado doctor en Ciencias Agrícolas y profesor Titular de la Universidad de Camagüey, Oscar Parrado, exhorta a mirar el “complejo problema” desde una perspectiva sistémica. “Hemos llegado hasta aquí por nuestra originalidad, a pesar de cometer errores copiando usanzas foráneas sin la debida contextualización. Las ideas de Fidel marcan pautas en la formación profesional con calidad y compromiso social. Sus discursos del periodo 1964-1969 dedicados a la formación en las carreras agropecuarias de nivel medio y superior, son clave para la gestión de gobierno con ciencia e innovación. En mi opinión la calidad del graduado es resultado de un proceso de influencias que empieza en pre-escolar, y debe sustentarse en el balance adecuado entre las aspiraciones individuales y las urgencias colectivas. Los médicos que nos dieron las vacunas no son Plan Bolonia”.

Los “bichos” raros

Los planes de estudios se presentan por las comisiones nacionales de carreras y se aprueban por el centro rector y el ministerio. En tal sentido, la comisión nacional de la carrera de Física —que se mantiene en Plan D hasta que se decida lo contrario, si es que se decide— elaboró hace cinco años una interesante y singular propuesta que todavía espera por una aplazada luz verde para arrancar su “movimiento rectilíneo uniformemente acelerado” hacia la meta.

Estudiantes de Física frente a la escalinata de su facultad.
La comisión nacional de la carrera de Física elaboró hace cinco años una interesante y singular propuesta que inexplicablemente todavía espera por una aplazada luz verde para arrancar.

De audaz, orgánica, justificada y resultante de un trabajo mancomunado, la ha catalogado el doctor Ernesto Estévez, presidente de la comisión nacional de Física y científico de proverbial polivalencia. “Fue una idea que recibió mucha alimentación de muchas fuentes y fue madurando hasta llegar a esta propuesta que consideramos muy sólida. Estamos uniendo lo mejor de dos escenarios. Se trata de plantear los estudios de manera que se vaya borrando la frontera de los tres centros formadores (UH, UCLV y UO) y ampliando las capacidades de formación. Actualmente existe una elevada demanda de físicos”, destaca.

En síntesis, según nos participa el experto, el expediente pendiente de debate y aquiescencia formula una carrera a seis años, donde el estudiante se gradúa como Máster en Ciencias con una madurez superior, lo que abrevia el tiempo de inserción laboral a posiciones de liderazgo. Aspira que desde etapas tempranas el estudiante se vincule a centros empleadores como complemento del espacio universitario. Así el alumno se mantiene dentro de un proceso ininterrumpido de formación y no se carga la responsabilidad al centro empleador.

En lugar de desmotivarse —lo que conduce a un entorno de desprofesionalización y al flujo del potencial humano— el estudiante se constituye en una fuerza útil y agente de cambio en el centro laboral; no significa una carga dada su insuficiente preparación; de forma natural promueve alianzas entre el Alma Máter y centros empleadores para proyectos comunes de investigación, innovación y desarrollo; al salir graduado de Máster, el centro laboral recibe a un egresado con mayores competencias, madurez intelectual y cualidades humanas; así como experiencia en el impulso de proyectos con repercusión económica y social para el país, reza básicamente el informe. Por supuesto, la iniciativa no deja de ser experimental. Y el tiempo de pruebas no acaba de concretarse, no queda muy claro por qué

La hora de la verdad

Betsy acaba de recibir su título de licenciada en Química y, como es usual en toda nueva hornada que ansía comerse el mundo, empieza el adiestramiento con fe en que haya “química” con el ambiente laboral. “Quizás no aprendí todo lo que puede aprender alguien en cuatro años de estudio normales, pero por la dedicación de mis profesores y tutores tengo lo elemental para desenvolverme. A fin de cuentas es ahora, en la práctica, cuando se adquiere de verdad lo que falta”, subraya.

Está claro que el centro laboral es la cuarta pata de esta mesa. Lógicamente, intentamos triangular la pesquisa desde el ángulo de los empleadores, pero la mayoría de los sondeados —por lo peliagudo del asunto, suponemos— eligió dejar bajo manga esa carta (¿O jugárnosla?). El estrés crónico produce una disminución de cualquier deseo. Así que sirve de aguijón para un futuro trabajo.

Por fortuna, siempre aflora la excepción de la regla. Aurora Pérez, astrofísica e investigadora titular del Instituto de Cibernética, Matemática y Física (Icimaf), no tuvo reparos en compartir su visión: “es que un graduado que haya investigado, que haya hecho una tesis con tiempo suficiente, no es igual a un graduado ‘improvisado’ que hace una tesis en dos o tres meses. Al menos para los centros de investigación esa variante no es saludable. Yo abogo porque las carreras no pierdan el nivel que tenían, que era muy alto, al menos en Física”.

Al ser una entidad orientada a operaciones técnicas, Radiocuba demanda cada año la incorporación de especialistas en Telecomunicaciones y Electrónica, Automática e Informática. “Procedentes de la Cujae, la UO o la Martha Abreu de Las Villas nos llegan egresados con buena formación teórica y competencias para dominar las tecnologías en uso en la empresa. Son capaces de investigar, buscar soluciones a problemas específicos, asimilar con rapidez fundamentos del trabajo y han asumido al frente de proyectos. Aquí se incentiva su capacitación en misiones técnicas con los proveedores y estudios de postgrado”, expone el licenciado Tomás J. Pérez, especialista de Formación Ramal para las Comunicaciones.

MES: “No se cortó y se pegó, se repensó”

La doctora Deisy Fraga cataloga de “factible” el Plan E. (Foto: Igor Guilarte Fong)

Desde el cuartel general de los estrategas, la doctora Deysi Fraga Cedré, directora general de Pregrado del Ministerio de Educación Superior (MES), comparte con los lectores de JT el diagnóstico y balance de acciones del organismo en torno al plan de estudios vigente. A su juicio, hay conciencia a ese nivel de que el Plan E tiene beneficios validados y detalles revisables, pero lamenta que sobre él graviten, como fantasmales neutrinos, no pocos prejuicios .

“Todos los planes han sido criticados en su momento, inclusive cuando fueron menos flexibles y más cargados. El Plan de Estudios E, en buena lid, no ha podido consolidarse tal cual se concibió, porque lo interrumpió la COVID y luego los problemas económicos con el combustible que alteraron el curso escolar. Entendemos que haya insatisfacciones y nuestro deber es prestarle atención, pero creo que si más del 80 por ciento de las 112 carreras que tiene hoy el país están certificadas de calidad, eso habla de la altura del sistema formativo”, manifiesta. (Esta revista pone en pendiente para un futuro cercano un trabajo sobre cómo se certifican las carreras para dar continuidad al tema)

Según explica Fraga Cedré, las comisiones nacionales de carreras hicieron un trabajo excelente y riguroso en su concepción, “identificando los problemas generales que debería resolver un egresado y fortaleciendo la práctica laboral y la disciplina principal integradora, la cual recorre transversal hasta el ejercicio de culminación de estudios. No se cortó y se pegó del Plan D, sino que se repensó el Plan E”, enfatiza.

La funcionaria otorga relevancia a la gestión del conocimiento por cuenta propia. “El estudiante debe asumir un papel activo y protagónico en su formación, eso lo dota de herramientas y lleva al éxito en la vida. Sería incorrecto eternizar la mentalidad de dictar hasta la coma, hay que adaptarse de a poco a la pedagogía global, más moderna y dinámica. ¿Acaso regresar a las carreras de cinco años y a tener los muchachos sentados todo el tiempo en el aula garantiza que resuelva el problema? La reducción de tiempo no determina directamente la calidad. Esta depende más bien de los dos agentes principales: estudiante y profesor; de que exista compromiso mutuo de aprendizaje y crecimiento en esa unidad dialéctica”.

Reflexiona, asimismo, que el MES impulsa la preparación continua del profesional, el incremento de la calidad del proceso y la formación integral basada en principios éticos y culturales —de ahí las Filosofía, Marxismo, PPD, Historia— “pues de qué vale tener un científico o profesional estrella si no es buen humanista. Además del dominio de su especialidad, debe tener valores humanos y una cultura general para que sea en realidad ese agente transformador de la Cuba que aspiramos. Apuesto, sinceramente, a que este Plan E puede tener éxito y contribuir a formar los profesionales que se necesitan; aun cuando hay que seguir dialogando y analizando qué podemos hacer diferente o mejor. Entre todos”.

 Obra en manos

La clave está en no perder el tiempo en el presente, porque el tiempo siempre nos encontrará más tarde o más temprano, para vencernos en el futuro. Ante los retos, más que la desmedida catarsis o introspección vale la búsqueda de soluciones, la capacidad de adaptarse y reaccionar con connotación positiva e ingenio creativo y hasta la rectificación, de ser necesario.

Como versa una melancólica canción basada en un evangelio apócrifo: la arcilla, metáfora de la cuesta, del atasco y las horas muertas, despierta de su letargo y adquiere la dimensión de obra en manos de quien la domestica, modela, y de ella, cual símbolo de esperanza y posibilidad, hace brotar pájaros de barro que quieren volar.

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Comentarios

    Anagret 22/04/2024

    Pero en el artículo solo se habla de carreras técnicas o básicas, no se hace referencia a las ciencias sociales, ni pedagógicas, ni las humanista. También son ciencias y también están en planes de estudios. Entiendo también las limitaciones para contactar a más universidades pero la UH y la UO no agrupan todas las experiencias formativas del país. Eso podría valorarse en otro artículo.
    Sobre el tema en cuestión creo que tal como se plantea en el artículo hay tres procesos muy fuertes que han impactado en la formación de los profesionales: el plan E, la pandemia del COVID 19 y los ajustes asociados a la crisis económica del país. No creo que sea posible reducir a la introducción de un plan de estudio los problemas formativos que perciban los estudiantes y docentes, sería un análisis muy simplista si se lo asociamos solo a una variable cuando cualquiera de las otras dos ha tenido un significativo impacto.

    César 22/04/2024

    Tremenda la opinión del estudiante de química, es algo que es evidente y los medios no lo trabajan.

    Orlando L. Rodríguez González 22/04/2024

    No me parece un buen momento para este debate. La epidemia de COVID-19 desorganizó toda la vida, incluyendo los estudios. La comparación con años y planes anteriores es esteril, la calidad de la enseñanza ha decaído, ya no están numerosos profesores de sólida formación y las universidades cubanas se ven obligadas a suplir con gente sin experiencia, esto repercute en la calidad y no es un problema de 4 o de 5 años, hay muchos más problemas que enmascaran el tema. >Hay muchos factores en la vida actual del cubano atentando contra la calidad de la educación: la alimentación, el transporte, el salario (e de lo padres o parientes que los mantienen) la demanda de trabajos por cuenta propia para subsistir y la siempre presente emigración, sobre todo de los estudiantes más talentosos. No, no me parece una buena ocasión para este debate.

      Iramis Porro 22/04/2024

      Todos los debates tienen buen momento. Las opiniones, no esperan, los problemas no esperan, los resultados no esperan. El debate sobre el plan E comenzó desde su concepción. Así que no hay buen o mal momento en nuestra opinión para analizar un problema que ha sido de interés y preocupación por años de alumnos y profesores.

    Ernst 23/04/2024

    Soy graduado de Ing. Informática en la cujae, Plan D.
    Entiendo la necesidad de instruir e imbuir de valores humanos a los estudiantes, además de otras sasones que se salen del núcleo de interés para la carrera, en pos de tener profesionales con un mínimo de nivel cultural. Pero también creo que estos están (o han estado) mal distribuidos.
    En el Plan D, tuve que estudiar no un semestre de PPD, sino además uno de PMI… Que eran básicamente lo mismo. Horas y horas desperdiciadas, con profesores que no tenían calidad en su materia, comparable a los de la facultad u otros centros del claustro.
    Asimismo, tuvimos también 4 semestres de ciencias sociales, con Filosofía, Economía Política del Capitalismo, Economía Política del Socialismo, y Teoría Sociopolitica… Donde siempre pensé que estos podían condensarse en 2 semestres: Filosofía y . Me pregunto si hubiera sido más útil para ingeniería dedicar buena parte de este tiempo, en ampliar el espectro para materias de Física o alguna de las materias de la carrera que se quedaban cojas, por su complejidad (e.g Estructura de Datos) o que fueron simplemente eliminadas del plan (como Lenguaje Ensamblador). La pregunta es retórica, claro.

    Angela León Mecías 23/04/2024

    Me ha gustado el trabajo, pero pienso que sea el segundo, el primero fue en 2018, de muchos artículos para debatir sobre este tema medular, coincido en que no en todas las especialidades se tiene la misma experiencia, por lo que quizás sería bueno profundizar por bloques de áreas del conocimiento. La carrera de Licenciatura en Matemáticas fue la primera en reducir la formación a 4 años, los primeros graduados con ese plan fueron en el 2011, quizás un siguiente trabajo pueda abordar los resultados en esta área

    Beto 23/04/2024

    No es posible evaluar el plan D sin tener en cuenta las adversas condiciones en las que se ha aplicado, las disímiles condiciones de los CES y sus particulares relaciones con el mundo empresarial.
    Tampoco es posible generalizar , en algunas carreras la COVID llevó a la dilatación de los cursos que se extendieron a cinco y seis años y no implicó la reducción de contenidos ni horas de prácticas docentes.

    Javier 23/04/2024

    Lo que pasa con las asignaturas de Filosofía, Marxismo, PPD e Historia en las carreras de ciencias exactas e ingenierías, es que el simple hecho de darlas no garantiza que los estudiantes se vuelvan «humanistas» ipso facto, pues otros factores son mucho más determinantes (como la formación precedente o la educación en el hogar). Además, muchas veces estas asignaturas se imparten de forma poco seria o dogmática, provocando incluso la aversión del alumnado hacia ellas. Personalmente, considero que con el contenido impartido en la enseñanza media superior es más que suficiente, pues lejos de profundizar, estas asignaturas se sienten como un refrito de lo impartido en el preuniversitario. Saludos.

    Manuel de la Rúa 24/04/2024

    MANUEL DE LA RÚA24/04/2024—
    Muy interesante trabajo, que coloca muchas opiniones contradictorias que deben ser buena base para el análisis. Pero tiene un gran sesgo que, en mi opinión perjudica la valoración del problema. Solo me atrevo a mencionar tres que pudieran ser tenidos en cuenta para futuras profundizaciones necesarias. Primero La opinión de los autores limita desde el inicio el rigor de la investigación. El instrumento utilizado desde la consigna expresa una interpretación prejudicial sobre el plan E pues da por sentado posiciones y resultados negativos. Y luego se presentan los datos resultados de la encuesta sin análisis de su significado. Segundo, si se le suma que no hay alusión al Documento Base para la elaboración del Plan E elaborado por el MES como fundamento de trabajo para las comisiones de carreras, se entiende que se intérprete el nuevo currículo como una continuidad del plan de Bolonia y se desconozcan los fundamentos pedagógicos, psicológicos, sociológicos y técnicos de la transformación y por último, desde el título se condena al plan E , comparándolo artisticamente con un pájaro de barro que quería volar pero nunca podrá. Sin embargo, en lo atinado del tema y en el contenido del artículo hay mucha información que necesitamos considerar decisores, profesores y alumnos para lograr que los resultados de este rediseño curricular se perfeccione y condicionen al contexto más complejo que puede haber sufrido un plan de estudio en Cuba.

      Iramis Porro 25/04/2024

      No es el primer trabajo sobre el tema en JT. Se viene abordando el tema desde hace muchos años. No hay que repetir lo mismo en cada nueva actualización. Un saludo y gracias por comentar.